Aquella puerta de madera, me traería una esperanza. Nunca había vivido en una casa con una puerta similar. Con la chapa que se aseguraba solo por la parte interior, sin necesidad de usar llave. Esa puerta encerraba un cuarto que miraba hacia Estados Unidos. Un cuarto desde el que (en días transparentes, tras la ventana alta y si nos parábamos arriba de la cama), se dejaba ver la Bahía de Sn. Diego, Estados Unidos. Habíamos llegado del Sur.
Un día en 1975, pisaba por vez primera Tijuana. Veniamos del aeropuerto arriba de un taxi, subiendo por la calle escénica, la misma, la ultima calle que colinda con Estados Unidos. Transitabamos pegados a un cerco metálico larguísimo, que de vez en cuando dejaba ver al otro lado, una ciudad allá a lo lejos, Chula Vista, Ca. Al Norte mirabamos un vallecito, o un pantano o una área de reserva, eso que saben conservar los países desarrollados.
Mientras la izquierda, en Tijuana, México, empezaban los cerros, colmados de casas construidas en una variedad de materiales, casas sin pintar. De pronto mirando hacia al Sur, hacia arriba en esos cerros, apareció un cumulo de casas blancas. Aquello parecía una Costa Griega, como las había imaginado, con terrazas hacia el mar mediterráneo. Con ventanas y vistas panoramicas. Una de esas ventanas era de la casa nueva que habitaríamos. No quise adivinar cual ventana sería la nuestra. Era una casa blanca!
Aquella era la frontera, eran los días en que con el cambio, con esas monedas que sobraban, después de comprar el mandado, entonces, comprábamos los juguetes. Era el mismo ¨sobrerruedas¨ donde mi abuela cuatro hermanos y yo, hibamos al mandado, con el mismito gusto de ir a una feria. Aquello era nuevo para mi. Bueno, ahí comparabamos aquellos juguetes usados, que había que armar y saber sustituir en el juego las partes que les faltaban, Así comenzaba la manera de vivir del reciclaje. La manera de establecer relación con Estados Unidos.Una manera de vivir, en una especie de aldea, en una comunidad, llamada Tijuana.
Años mas tarde me entere que mi abuela no conocía el valor de las monedas. Pues habiendo venido del Sur, por primera vez en su vida usaba la llamada ¨moneda americana¨. Para poder pagar, simplemente ponía las manos con los billetes en la mano, el vendedor agarraba un billete y le daba el cambio, para ella simplemente eran monedas y para no complicarse la vida, nos las repartía a su manera de entender. Con esas monedas comprábamos los juguetes, no recuerdo cuanto costaban, a mi me gustaban las monedas de veinte y cinco centavos.
En aquel entonces, mi mamá trabajaba como mesera en un restaurant internacional, el Denys restaurant, y viviamos de las propinas que ella ganaba. Teníamos todos los días muchas monedas. Vivíamos bien, vivíamos en la ¨frontera¨ y a mi abuela le encantaba la musica de Juan Gabriel, misma que ponia mientras barría y trapeaba.
Yo realmente todavía no sabía que significaba vivír al día. Pero tenía idea....Habiamos llegado a vivir al Conjunto Habitacional ¨Infonavit, Lomas del Porvenir¨*
¨Al otro lado¨ , Estados Unidos , que tardaría tiempo en conocer, o mejor dicho en pisar, Pero que sin embargo poco me importaba. Sabia que de allá venían muchas cosas, Como el carro Corbet´68, que trajo mi tío . Mi tío trabajaba como bracero, o ilegal, allá en el otro lado. Y tenía la habilidad para convencer que lo dejaran pasar, de Mexico a Estado Unidos, sin tener pasaporte. Argumentaba que era American Citizen.
Seguido nos visitaba mi tío en Tijuana . Y regresaba a Estados Unidos a trabajar de ilegal, con todo y su carro el Corbet. Haciendose pasar por American Citizen.
Sin embargo para mi, Estados Unidos era un lugar de trabajo, un parque industrial, era como el lugar donde pagan bien a la gente que no había podido estudiar. Yo si quería estudiar y ser sacerdote, o abogado, y la vez tener un carro Corbet, pero pintado de color naranja y unas franjas negras, de carreras, así me imaginaba. Pero no me imaginaba trabajando allá. Me imaginaba trabajando colaborando con gente ¨pobre¨.
En aquel entonces aguantaba mas de quince minutos viendo el programa World Vision. Ese que recaudaba fondo para gente pobre en África, Las imágenes de los niños con hambre me dejaron marcado. Me gustaba esperar oír quien es quien. Esperaba conocer quien daba ese dinero y esperaba que alguien diera mucho, mucho dinero, esa era el cruce de emociones al ver ese programa. Me parece eso tenia para mi la emoción como el político que espera que un día alguien gane las elecciones y cambie todo un sistema económico, que sea capaz de acabar con la pobreza.
Puedo creer ahora que ese programa colaboro con ganar las elecciones presidenciales a Obama. Era un poco soñar, que uno de esos niños africanos pudiera ganar las elecciones en Estados Unidos. Todo era infantil. Tenia ilusiones . Tenia esperanzas. El mundo para mi era dividido en dos , los ricos y los pobres, Estados Unidos y el resto del mundo, incluyendo México.
En términos pragmáticos para mi Europa era teoría: la bohemia, la filosofía y el arte. Los libros , la ilustración, la revolución francesa . Era el lugar donde el niño que robo una manzana porque tenia hambre, fue encarcelado, pero se hizo famoso. aunque no rico. Creía Europa en eso nos lleva ventaja. Aquí los pobres somos anónimos, simplemente pensaba eso. Ese era mi mundo.
En 1975, habíamos esperado una año y unos mese para que la familia, en este caso mis hermanos y mi abuela alcanzáramos a mi mamá en Tijuana.
En ese año, viviamos en Guadalajara Jalisco. Tenía 13 años y me entrenaba todos los días. Fui a un funeral de un asesinado , un líder político estudiantil. Conocía a su hermano, eramos ccompañeros en mi salón de clases, en la Secundaria. Mi amigo Rosas, desde muy chico tenía una motocicleta y me estaba enseñando a andar en ella. Aquello significaba una gran amistad. Cuando volví del funeral de su hermano, conocido por su apellido como Rosas, me di cuenta que pocos de los amigos y que nadie del salón de clases, habían asistido al funeral. Cuando regresaba del funeral, solo y como era costumbre, a pie, venia pensando por que no habían asistido mas personas al funeral. Y es que se decía que quienes asistían al funeral eran puestos en la ¨lista negra¨, en la lista de comunistas. Eso significaba que serian vigilados con riesgo de ser desaparecidos.
Para complementar el entrenamiento iría al pentatlon militar. Y terminando comería los esperados semanales tacos al vapor y agua de arroz. Me auto-premiaba haber aguantado lo duro de los entrenamientos, pues era el mas chico del pentatlon.
Pero con todo y eso, para entender el miedo con el que regrese del funeral, caminando por unos cuarenta minutos, sintiendo ese viento en la cara, .Ese viento que pega después de asistir al funeral de un inocente. Habría que repasar los recuerdos y pensamientos que pasaban por mi mente. Era un adolescente, quien hacia unos años había perdido a su papá, sin despedirse. Supuestamente por haber participado en la lucha política, a favor de la izquierda. O bien podíamos decir, hijo de un padre que desapareció, por no estar de acuerdo con las idea del gobierno. Un gobierno que ya para entonces, se había ostentado en el poder. En aquel entonces el gobierno para mi era ya una mentira, mi padre no creía en Jacobo. Jacobo era quien se encargaba de controlar las noticias y asistía a todos los viajes presidenciales. Jacobo había justificado la matanza del ´68 a través de las noticias, pronunciando la palabra comunismo, comunistas!. La televisión era un monopolio controlado por gobernación, sin oportunidades de replica. La televisión era un aparato del gobierno.
Y antes de la adolescencia y después de la desaparición de mi papá, ya en Guadalajara, cada día me inventaba esperanzas nuevas, las buscaba tras las mascaras, y a veces las usaba: Un día pensaba en Santa Claus, o mejor dicho , imaginaba encontrar a mi papá , detras de uno de esos disfraces. Recorría el centro de la ciudad y me paraba en cada esquina a vigilar y observar con curiosidad los Santa Clauses, me gustaba imginar.....
Otro día, pensaba en un Dios, otro día pensaba en la guerrilla y Lucio Cabañas, otro día pensaba en ¨Santo enmascarado de plata¨, otro día pensaba en la distancia llena de polvo y la gente que siembra esas tierras, otro día pensaba en Benito Juarez. Todos los días me entrenaba para la lucha.
Arreglaba mis conflictos en el ring de una página blanca, dibujaba luchadores, eran la vida misma.
Al mismo tiempo , también escondía el sueño de tener un cinturón de karateca. Ir a la escuela de karate era de por si caro, comprar un uniforme, era un lujo que significaba para mi una irresponsabilidad ante las carencias y las carestías que ofrece la vida.
Habrían pasado ya mas de 10 años. Era 1985, había ya terminado la carrera de Arquitectura. En aquel tiempo en que los años eran largos. Un día mi lucha voló en una burbuja mas allá del polvo. Estaba contando y calculando las monedas para tomar una Calafia, una Van, un transpote colectivo. Una hora y media después de tomar tres Calafias, llegue al lugar: un terreno, con dos señoras que me parecían ya mayores, desayunando unos ricos huevos, acompañadas con tortillas recién salidas del comal y la leña. Estaban sentadas al lado de un familiar enfermo, que mantenía sus ojos cerrados. Una de ellas sin dientes, estaba recargada al lado de un muro ahumado, por esa la hoguera de todos los días. Ellas eran ¨Las Cuatas¨. Me estaban esperando.
¨Las Cuatas¨, habían participado en la invasión de tierras. Buscando un terreno donde vivir. Esperaban les ayudara a hacer su casa, 100% hecha de trabajo , de tierra , de adobe. Muros y techos serían construidos de adobe, con nuestras propias manos. Yo era también arquitecto. Dijéramos, por decirlo así. JA!
¨Las Cuatas¨creían en mi. Aun sín haber hablado mucho con ellas. Sin embargo, no había mas agua, para hacer adobes. El gobierno había suspendido el apoyo de darnos agua. No había gente para apoyarnos, su líder, el líder de la comunidad, no estaba de acuerdo de actuar en forma pacifica. No teníamos dinero. No teníamos gente a nuestro lado. No teníamos poder.